Aguardando la Esperanza Bienaventurada (II)

Entendiendo más sobre el Rapto o Arrebatamiento

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Domingo 05 de Abril del 2009
Escatología
 España

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Por: Pr. Miguel Rosell*
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En vista de la evidente oposición al Rapto que de un tiempo a esta parte está manifestándose por parte de algunos, me veo en la necesidad de volver a escribir al respecto, usando también de un artículo que escribí hace unos años y que el releerlo creo nos hará mucho bien.
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Antes de entrar en materia, y como comentario, diré que me asombra el encono que algunos negadores del Rapto manifiestan en contra de esa sana doctrina, la cual algunos se atreven a declararla como de “origen satánico”, y otros se burlan de los que la blandimos.
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Por ejemplo el restauracionista británico Gerald Coates escribe así: “La idea del Rapto es ridícula… Debemos concluir que la teoría del rapto secreto puede muy bien ser evangélica, aun y así no es bíblica. Es una idea grotesca, el Rapto puede ser una agradable doctrina para los cobardes, pero no es más que un pensamiento deseable, y debe ser relegada al área del mito y la fantasía (What On Earth Is This Kingdom, pág. 36).
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Pero más me maravilla, y esto en un sentido absolutamente opuesto, el énfasis glorioso que la misma Palabra hace acerca de lo que denomina la “Bienaventurada Esperanza” (Tito 2:13), la cual debemos “aguardar” – cual es – “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). Justamente ese es el sentido del Rapto; no el de escapar del sufrimiento de la persecución, a modo de la que padecieron y padecen innumerables cristianos, sino, una vez arrebatados juntamente con los recién resucitados – el recibir al Señor en el aire, para estar siempre con Él (1 Tesalonicenses 4:17).
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¡Cristo va a volver a por Su Amada! Esa es la Bienaventurada Esperanza.
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1. Inciertamente amparándose en Mateo 24
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Los que enconadamente niegan el Rapto, pretenden buscar en la Palabra apoyo para su espuria disertación, y citan las palabras de Jesús de Mateo 24, buscando en ellas sentido para su causa.
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No se dan cuenta de que el Señor se estaba dirigiendo, no a la Iglesia, la cual no existía todavía (“las cosas que son”; Apocalipsis 1:19), sino mayormente a los que llegarían a ser judíos creyentes en Él; es decir, el Israel que será salvo al final de la Tribulación, ya que ese es el sentido. Probaremos este punto en un instante.
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En Mateo 24, cuando los discípulos en el monte de los Olivos le preguntaron qué señal habría de Su venida, y del fin del siglo – es decir – del tiempo del gobierno de los gentiles (véase Daniel 2:44,45), el Señor empezó a dar una serie de explicaciones de carácter profético, comenzando con el célebre: “Mirad que nadie os engañe” (versículo 4).
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Continúa…

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